Miró de nuevo el reloj. Ya eran las ocho. ¿Dónde se había metido? Quizás esa no era su casa, quizá se habría equivocado y se había metido en otra cualquiera. ¡Qué tontería! ¿Cómo podría haber entrado? En fin, mejor sería que tendiera la lavadora y se pusiera el pijama, a esas horas ya no iban a ir a ningún lado.
Nos hacemos mayores. Tú también lo notas, ¿no? Claro, vaya pregunta. Los sitios ya no están vacíos, vamos llenando de recuerdos cada rincón. Van apareciendo sentimientos nuevos, retos y metas.
Hay días en que me sorprendo a mí misma pensando en hace años, en cómo ha cambiado mi vida en tan poco tiempo, y a la vez, qué poquito ha cambiado.
Qué voy a decir, sigo siendo un lío andante, pero puede que empiece a entender de qué va esto de hacerse mayor.

Mari y Takakashi están sentados en los columpios, uno junto al otro, en un parque desierto a altas horas de la madrugada. Takakashi tiene los ojos clavados en el perfil de Mari. En su rostro se lee desconcierto. Prosigue la conversación de antes.
-¿Que no quiere despertarse, dices?
Mari no responde.
¿A qué te refieres?- pregunta él.
Mari enmudece y mira hacia el suelo. Vacila, aún no está preparada para hablar de ello.
- Oye, ¿y qué tal si camináramos un poco? -propone Mari.
- Vale. De acuerdo. Andar es bueno. Anda despacio y bebe mucha agua.
- ¿Y eso qué es?
- Ése es el lema de mi vida. Anda despacio y bebe mucha agua.
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