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Siempre con los brazos cruzados, como si al extenderlos se le fueran a desparramar todos los órganos vitales.

El chico-saco de boxeo.

Andaba despacio. No es que no supiera adónde ir, es que no tenía ninguna prisa, disfrutaba del camino. Yo, sin embargo, me movía por objetivos: quería encontrar un tuktuk, quería llegar al albergue, quería comer algo... él disfrutaba cada paso y me dio una envidia inmensa. Resultó que compartíamos habitación y en seguida acabamos hablando animadamente de nuestros planes en Puerto Princesa. Hicimos algo de turismo y al cabo de un rato estábamos emborrachándonos en una terraza en el puerto.

Se llamaba Carlos, era español y un saco de boxeo, o al menos le habían confundido varias veces con uno. Estaba lleno de moratones e hilillos de sangre por todas partes. No estaban a la vista, claro está, pero bastaban tres cervezas con él para darse cuenta.

Dos veces le habían noqueado y dos veces había vuelto al cuadrilátero, pero la última contrincante le había dejado "muy jodido". Me habló de ella como quien habla de un viejo amigo con el que dejó de hablar por algo que ya no recuerda, con la sombra del resquemor de lo que pasó pero con la culpabilidad por no estar seguro de si fue culpa suya. Me di cuenta de que si hubiéramos estado en España sólo le habría faltado una cerveza para intentar llamarla. Supongo que por eso estaba en una isla sin cobertura, conmigo, y con un plato de sesos intacto entre nosotros.

Confusion

"Confusion and fear overtook me. For a while, I even lost hold of my own existence. My fingers were trembling. But at the same time, I knew that I had reached a conclusion."

El matasellos

Se acercaron a la grieta cogidos de la mano. Él se detuvo unos pasos antes, ella se soltó y se acercó tanto que su nariz tocaba la fría roca. Estuvieron así unos segundos, unos minutos; ella se giró, miró su mano aún tendida en el aire y se adentró en la oscuridad. No quería hacerlo, pero tenía que hacerlo.Una vez dentro no veía nada, ni siquiera la silueta de él de pie, bañado de luz en la entrada de la grieta. Sintió que la agarraban del cuello y le hacían seguir adentrándose. Pero no quería hacerlo, aunque tuviera que hacerlo.

Mi cerebro funciona al reves

Hay personas que podrían vagar eternamente en un mundo caótico e incoherente, pero tú no. Tú eres una persona idónea para la inmortalidad. Estás hecho para encontrarte en los laberintos, mientras todos los demás destrozaríamos los setos para poder atravesarlos. Tú eres el superviviente.

Y cada vez el ruido se hacia mas ensordecedor

Y sin avisar tenía sobre ella el peso de todo lo que no había vivido. Al principio cada vez que se repetía cerraba los ojos y respiraba hondo, hacía caso omiso a su pulso acelerado y a la rabia que se apoderaba de ella. Pero tras varias semanas así se despertó en el instante en que atravesaba una pared de ladrillos, o un armario, no estaba segura. Al otro lado había oscuridad. Llevaba puesto un chubasquero y unas botas enormes. El ruido la confundía y no era capaz de entender si se movía o no. Seguía al río para mantener una referencia, pero al llegar a la cascada sólo pudo atravesarla. Una tromba de agua de un peso impredecible le cayó sobre la nuca y la aplastó contra el suelo dejándola inmóvil, pero consciente de lo estúpido y peligroso de su situación.

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